Palabras para una ciudad inclusiva…

Habiendo finalizado el seminario Estudios urbanos, género y feminismo, organizado por el Col·lectiu Punt 6, destaca el hecho de que, generalmente, habitamos ciudades poco inclusivas. En este sentido, el último día del curso tuve la suerte de participar en el taller organizado por el Hiria Colektiboa. Éste es un colectivo de arquitectas del País Vasco que llevan a cabo procesos participativos en urbanismo a través de una interesante metodología visual, recogiendo la localización de puntos de conflicto/miedo/inseguridad en mapas gigantes.

En el taller debíamos centrarnos básicamente en una pregunta clave: “¿qué considero que son las claves de una ciudad inclusiva?”. Era de esperar que saliesen muchos conceptos, no voy a repetirlos todos aquí. No obstante sí voy a apuntar algunas de las palabras que surgieron, me llamaron más la atención y/o que tenía en mente y no pude expresar por razones de tiempo. Qué significan para mí, en relación con el urbanismo inclusivo.

En primer lugar la transdisciplinariedad como un elemento que desborda los límites disciplinares y que es necesario para trabajar desde todas las ramas que inciden en un espacio. No se trata únicamente de la complementariedad entre disciplinas (utilizando únicamente los posibles objetivos comunes para una supuesta colaboración), ni de la multidisciplinariedad (sin acabar de compartir objetivos ni proyectos). Se trata de traspasar (entre, a través y más allá) la disciplina asumiendo y comprendiendo la complejidad de lo que implica “hacer ciudad”, en una lógica experimental de trabajo en red, de acción conjunta. ¿Porqué no imaginar una ciudad construida por vecinos, psicólogos, sociólogos y filósofos?

Otro de los elemenos clave a destacar es el de la creatividad, que está muy relacionada con la transdisciplinariedad. No me refiero únicamente a ir en busca de innovadoras metodologías participativas con materiales que salgan del clásico “post-it” vistos en los talleres. La creatividad es algo que llevamos todos dentro y que empieza por una mirada más allá de lo establecido, de lo que se ha dado siempre por hecho, de lo que se nombra como realidad inamovible (“esto es lo que hay”). Es preciso añadir además que  la previsión/planificación de la ciudad siempre ha venido impuesta desde el límite a la creatividad a través de un prototipo: hombre con poder, recursos y saber técnico. A menudo, los ciudadanos asumimos que cuando vamos a participar, se nos diga que nosotros no somos los técnicos y se nos acota de esta manera el vocabulario a emplear.

Por último mencionaré la conexión entre objetividad y subjetividad como elemento que permite integrar todas las perspectivas acerca de un territorio. La objetividad es necesaria como elemento que permite una observación de conjunto pero asumir la subjetividad es necesario como parte del enriquecimiento del propio proceso participativo. Reconociendo la tensión generada entre el intento de objetividad y el de la subjetividad de los seres humanos, comprenderemos mejor los mecanismos (sociales, relacionales, humanos) que operan en un territorio. Una prueba de ello, reside en el hecho de que en un primer momento cuando empieza un taller participativo, las personas presentes tienden a hablar de “lo suyo” y a medida que se van escuchando otras voces se enriquece el debate para llegar a visiones más integradoras que pueden dar lugar a conflicto o consenso, según el objetivo del propio proceso.

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